El trabajo de Andreia Sousa se sitúa en el punto de encuentro entre la ciencia marina, la cultura y la conexión humana. Con raíces a lo largo del Atlántico y paisajes insulares que han marcado su trayectoria, ella integra investigación, comunicación y creatividad para explorar cómo las personas se relacionan con el océano. Desde la costa de Portugal hasta los archipiélagos del Atlántico Norte, Andreia Sousa ha pasado su carrera escuchando atentamente al océano y a las comunidades que dependen de él. Su enfoque combina ciencia, arte y colaboración interdisciplinaria, revelando cómo los ecosistemas marinos y las vidas humanas están profundamente entrelazados. Para Andreia, comprender el océano tiene tanto que ver con las personas como con las especies y la información. Al mezclar la ciencia con la conversación y la creatividad, explora cómo el conocimiento, la cultura y el cuidado pueden ayudar a forjar futuros más esperanzadores para los entornos marinos.
"Los océanos nos conectan a todos. Regulan el clima de la Tierra, producen oxígeno y proporcionan alimento, medios de vida y bienestar a millones de personas."
¡Hola Andreia! ¿Qué fue lo que primero despertó tu fascinación por el océano y su vínculo con las personas y la cultura?
Andreia: Nací y crecí en Portugal, un país con una conexión histórica y cultural muy fuerte con el océano. Así que desde pequeña pasé mucho tiempo en la playa y cerca del mar, y tuve la suerte de realizar paseos en barco que me permitieron estar en contacto directo con la vida marina. Esos primeros momentos moldearon mi fascinación por el océano, su biodiversidad y belleza, y por la manera en que está entrelazado con las vidas, identidades y culturas de la gente.
Has pasado gran parte de tu carrera en la región macaronésica: ¿qué hace que esta parte del mundo sea un foco tan especial para la investigación marina?
Andreia: La Macaronesia es una región única que incluye los archipiélagos de Madeira, las Azores y las Islas Canarias. Se considera un punto caliente de biodiversidad y una región importante para los cetáceos, con muchas especies de ballenas y delfines que utilizan estas aguas como hábitat, zonas de alimentación y rutas de desplazamiento a través del Atlántico Norte. Lo que hace tan especial a esta zona es que acoge tanto especies residentes, que viven allí todo el año, como especies migratorias que la atraviesan durante sus viajes por el Atlántico Norte. Esto la convierte en un laboratorio natural excepcional para estudiar la biodiversidad marina y el movimiento y comportamiento de especies altamente móviles.

Laboratorios vivos
¿Cómo moldeó tu formación en el ámbito académico y científico la manera en que abordas tu trabajo hoy?
Andreia: Mi experiencia desempeñando una variedad de roles me ha ayudado a comprender qué despierta la curiosidad del público, qué información les importa y cómo el conocimiento científico puede comunicarse de formas más accesibles y significativas. Para mí, la divulgación científica no se trata solo de compartir información. Se trata de tender puentes entre los distintos usuarios del océano, desde responsables políticos hasta pescadores y comunidades locales. Esto es esencial para construir confianza y apoyar enfoques más colaborativos, como la cogestión de áreas marinas protegidas.
¿Cómo nos ayudan las comunidades insulares y costeras a comprender los impactos reales del cambio climático en los ecosistemas marinos?
Andreia: Las comunidades insulares y costeras suelen ser las primeras en experimentar los impactos del cambio climático. Su bienestar depende en gran medida de ecosistemas marinos saludables, por lo que los cambios se perciben desde temprano. Muchas de estas comunidades conservan conocimientos transmitidos por generaciones sobre el mar, que son increíblemente valiosos para los científicos, ayudándoles a detectar cambios y a entender cómo podrían manifestarse los impactos climáticos en el futuro. A menudo se considera que las islas son laboratorios vivos del cambio climático, donde se desarrollan soluciones locales innovadoras, desde acciones comunitarias de conservación marina hasta la restauración de ecosistemas. Estas experiencias nos muestran cómo puede ser la adaptación en la práctica e inspiran soluciones en otras partes del mundo.
¿Qué esperas que los huéspedes se lleven de tus charlas y experiencias compartidas?
Andreia: Espero que se vayan con una comprensión más profunda de la riqueza del mundo natural y de las historias culturales e históricas que lo conectan. Me gustaría que encuentren conocimientos científicos que se sientan nuevos y sorprendentes y que despierten su curiosidad para seguir explorando, aprendiendo y haciendo preguntas después. También espero que estas conversaciones inviten a la reflexión sobre cómo nos relacionamos con el océano y el planeta en nuestra vida cotidiana, y cómo las decisiones meditadas pueden marcar la diferencia en el mundo que compartimos y cuidamos.
¿Puedes contarnos más sobre Upstand y cómo reúne a las personas para generar cambios sociales y ambientales?
Andreia: En Upstand colocamos la conexión humana en el centro de todo lo que hacemos, porque creemos que el cambio significativo ocurre mediante la confianza, el cuidado y el diálogo. Somos una agencia de impacto social especializada en investigación participativa, facilitación y diseño liderado por la comunidad. Apoyamos iniciativas más inclusivas y específicas del contexto en torno al cambio climático, la movilidad humana, la biodiversidad marina y el riesgo de desastres. Para conseguirlo, creamos espacios donde las personas pueden compartir conocimientos y trabajar juntas para impulsar la transformación social y ambiental.

El arte como vínculo con el océano
Tu trabajo a menudo une la ciencia y el arte: ¿cómo puede la expresión creativa ayudar a las personas a conectar más profundamente con el océano?
Andreia: La expresión creativa permite a las personas conectar con el océano de una manera que va más allá de la información y los datos. El arte crea conexiones emocionales, sensoriales e imaginativas, invitando a la curiosidad y al asombro, lo cual nos ayuda a sentirnos parte del mundo natural. Las prácticas artísticas pueden abrir espacio para nuevas formas de pensar que incluyan las vidas y experiencias de otras especies y ecosistemas. Este tipo de compromiso hace que los desafíos ambientales se sientan más personales y cercanos a nuestras propias vidas y comunidades. Espero invitar a las personas a prácticas creativas sencillas que les permitan experimentar y expresar su propia relación con el océano. Esos momentos de creatividad pueden convertir el aprendizaje en algo vivido y sentido, en lugar de solo comprendido.
¿Notas que la gente responde de manera distinta a la ciencia marina cuando se comparte mediante historias o arte visual en lugar de datos?
Andreia: Sí, mucho. Cuando los datos científicos se integran con la narración y la expresión artística, los conceptos abstractos se vuelven más tangibles y llegables para audiencias diversas. El arte puede hacer que temas complejos parezcan más accesibles y atractivos. También fomenta la participación activa, lo que promueve el diálogo y crea espacio para la reflexión compartida en lugar de una comunicación unidireccional. Las prácticas artísticas tienden a resonar a un nivel más personal, generando curiosidad y una conexión emocional con el tema.
¿Qué es lo más inesperado o divertido que te ha pasado durante trabajo de campo en el mar?
Andreia: Siempre hay algo inesperado cuando se trabaja en el mar. No hay dos días iguales, y eso forma parte de la magia. Un momento memorable fue en las Azores, cuando pensamos que sería un día muy tranquilo sin avistamientos de ballenas. Justo cuando íbamos a regresar, un cachalote nos sorprendió al saltar fuera del agua, un comportamiento poco habitual en esta especie. ¡Se sintió como un regalo del océano!

Donde la ciencia se encuentra con las personas
Hablas inglés, portugués y español. ¿Cómo te ayuda esto a tender puentes entre distintas comunidades costeras?
Andreia: Hablar varios idiomas me permite conectar de forma más profunda con las personas, comprender perspectivas locales y compartir información. También me permite apoyar la colaboración entre regiones, haciendo el conocimiento científico más accesible y ayudando a las comunidades a compartir experiencias y soluciones entre sí.
¿Cómo equilibras los aspectos científicos y humanos de tu trabajo al hablar de algo tan complejo como la adaptación climática?
Andreia: Para mí, los aspectos científicos y humanos de la adaptación climática son inseparables. El conocimiento científico nos ayuda a entender qué está cambiando y por qué, pero la dimensión humana nos dice cómo esos cambios afectan las vidas de las personas. Trato de comunicar la ciencia con claridad creando al mismo tiempo espacio para las emociones, las experiencias y las historias locales. Ese equilibrio ayuda a que la adaptación climática no se vea solo como un reto técnico, sino como un proceso colectivo y participativo que navegamos juntos.

Lo que enseña el océano
¿Qué pueden esperar aprender las personas sobre la biodiversidad marina a lo largo del Atlántico Oriental?
Andreia: Pueden esperar aprender sobre la increíble biodiversidad marina del Atlántico Oriental, desde Portugal hasta África Occidental. Exploraremos cómo el cambio climático está afectando a las especies y ecosistemas marinos, cómo se están desplazando las distribuciones de especies y cómo las comunidades insulares y costeras están profundamente conectadas con el mar. También compartiré ideas sobre cómo los enfoques arte-ciencia pueden ayudar a las personas a conectar con los entornos marinos, así como las dimensiones sociales y culturales de los medios de vida costeros cambiantes y qué medidas de adaptación climática se están implementando para abordar estos cambios.
Si pudieras intercambiar lugares con cualquier criatura oceánica durante 24 horas, ¿cuál elegirías y por qué?
Andreia: Elegiría una ballena jorobada. Son famosas por sus complejas y bellas canciones, que pueden viajar miles de kilómetros a través del océano. Me encanta la idea de experimentar el mundo a través del sonido y poder cantar a lo largo de cuencas oceánicas enteras.
Tras años de investigación y colaboración, ¿qué te da esperanza sobre el futuro de nuestros océanos y las comunidades que dependen de ellos?
Andreia: Lo que más me da esperanza son las personas comprometidas que se preocupan profundamente y trabajan activamente por un futuro mejor. Creo que la esperanza es algo que practicamos, que alimenta la acción e inspira el cambio. A través de la imaginación, la creatividad y la acción colectiva, podemos avanzar hacia maneras de vivir más regenerativas y reconectar con el mundo más que humano. Los océanos nos conectan a todos. Regulan el clima de la Tierra, producen más de la mitad del oxígeno que respiramos y proporcionan alimento, medios de vida y belleza a millones de personas. Ver a tantas personas trabajando para protegerlos me hace creer que un futuro más saludable no solo es vital, sino posible.